Tecnología y Solidaridad

¿Qué hace que nuestra calidad de vida sea mejor hoy que hace uno, dos o tres siglos? ¿Qué nos ha enriquecido en ese tiempo? Debemos hacernos esta pregunta, analizar nuestra respuesta y, en condiciones ideales, actuar en consecuencia. Mientras tanto se me ocurren varias respuestas que suelen proponerse:

Las prescripciones económicas

Se suelen proponer una serie de medidas consideradas por algunos los determinantes absolutos de la riqueza:

El libre comercio permite que funcionen economías de escala, sin él los fabricantes comercializarán sus productos en zonas reducidas. Y los países separados por barreras comerciales no podrán acceder a dichos productos.

Para muchos ciudadanos de cultura media el crédito sería el factor más influyente. Por ejemplo, si los bancos conceden créditos a emprendedores, siempre que haya emprendedores con ideas, éstos montarán empresas que generarán empleo y/o aumentarán el Producto Interior Bruto de la Sociedad, que en consecuencia se volverá más próspera y feliz.

Una escuela ligeramente más extremista propone que el gasto, es decir el consumo interno, es lo que nos lleva a ser más prósperos. A menudo es el mercado nacional quien empieza consumiendo los productos. De modo que resultaría que en Macroeconomía al menos nos más rico el que menos gasta, sino el que más.


Por último, existe acuerdo en que el buen funcionamiento de las instituciones, por soso y trivial que nos pueda parecer, no tanto genera como posibilita el que las sociedades prosperen materialmente. En la práctica se apoyan medidas que van contra este buen funcionamiento de lo público:

Este ideal del buen funcionamiento de las instituciones en la práctica choca con el ideal (extremista) del gasto, según el cuál cuanto peor funcionen las instituciones más economía se generará: seguridad privada, gestores, seguros médicos privados, perros de guarda, empresas de intermediación etc.

Por cierto este buen funcionamiento de las instituciones también existe o debería exitir en una buena Social-Democracia.

Energía y materiales baratos

Muchos científicos y no pocos legos creen que el descubrimiento o acceso a una fuente de energía barata e ilimitada inauguraría una Era de la Abundancia. Esta fuente se creyó haber descubierto primero en el carbón, después en la energía nuclear, luego en la solar y renovables en general. Actualmente las esperanzas se centran en lograr la fisión controlada de hidrógeno.

Con esta energía infinita se podría:

La Inteligencia Artificial

Dado que el bienestar común depende según opiniones más o menos de los avances tecnológicos, el desarrollo de una Superinteligencia conduciría a avances tecnológicos inaccesibles para el cerebro humano. Más aún, podríamos crear una IA tal que a su vez diseñara otra aún más potente. La Humanidad empezaría a nadar, o a hundirse, en la más absoluta Abundancia y el trabajo, bueno o malo, perdería su razón de ser.

Social-Democracia

Dado que la Economía bien entendida consiste en (1) producir (bien y barato) y (2) distribuir o redistribuir, entonces si consideramos que ya producimos lo suficiente, en buena lógica del Cielo sólo nos separa distribuir o redistribuir toda esta riqueza generada.

En este redistribucionismo la eficiencia tecnológica o bien pasa a un segundo plano o bien depende de las cantidades que invirtamos en investigación. (A menudo los social-demócratas presuponen que los funcionarios actúan con equidad, entrega e integridad absoluta, y que los políticos de su color sólo pondrán leyes justas y humanitarias.) El bienestar de la Humanidad depende de la redistribución porque según un análisis cuantitativo de muchas variables la situación humana mejora principalmente gracias a la redistribución.

La Redistribución parece que ha funcionado bien en los Países Nórdicos, sobre todo en la Península de Escandinavia. Algunos lo explican por el alto grado de emprendimiento tecnológico, integridad de la población e incluso tamaño idóneo (un puñado de millones) de cada uno de estos países. Otros lo explican por las instituciones que se han establecido allí, por el marco institucional en sí, más que por las virtudes de las culturas correspondientes.

La Social-Democracia sería como la versión política, con todas sus deficiencias inherentes, de una verdadera solidaridad.

El conocimiento en general

La mayoría de los ciudadanos modernos concedemos mucho o casi todo el peso al Conocimiento en General, a su adquisición (investigación) y a su difusión (enseñanza). Lo que diferencia a esta mayoría de otros grupos de opinión es que dan importancia no a este u otro conocimiento o saber, sino a todos, indiscriminadamente.

¡Qué importa que no se hayan formado suficientes médicos especialistas! En cambio hemos formado muchos matemáticos, historiadores, sociólogos, lingüistas, informáticos, músicos etc.

La mayoría considera una postura radical conceder mucha más importancia a unos conocimientos que a otros. Sin embargo en nuestra vida diaria establecemos prioridades. Pudiera ser que si gastamos el dinero público en subvencionar el rodaje de una película o esclarecer la orientación sexual de don Quijote queden menos fondos para comprar material quirúrgico o para dotar laboratorios de prácticas o de investigación.

La ventaja que tiene esta postura es que no discrimina a nungún especialista ni titulado en general. Todos aportan a la sociedad. No cae en el elitismo. Tanto en investigación como en aprendizaje los progresos se atribuyen a inversión en tiempo y dinero. De lo contrario acabaríamos discutiendo en lugar de disfrutar de una paz lubricada.

Determinadas Tecnologías

Otros opinamos que nuestra riqueza no radica en el beneficio de operaciones financieras ni en la revalorización de nuestros inmuebles. En este tipo de economía se benefician unos en la medida en que otros salen perjudicados, por lo que la ganancia para la sociedad sería o cero o negativa si contabilizamos los gastos de tramitación.

El bienestar de la humanidad no aumenta con la memorización de tochos, el paripé, el respeto por las convenciones más superficiales y la moda, el cabildeo y el juego político o empresarial, el consumismo desaforado, etc.

Tecnología sí pero no cualquier tecnología. Tecnología para la gente, no para las máquinas ni las instituciones. Tecnologías no para distraernos, agradarnos, masajearnos, abducirnos, controlarnos, sino tecnologías que nos curen, nos iluminen y nos permitan aplicar el esfuerzo y la inventiva humanos a la Realidad, que nos pongan la herramienta en la mano, que pongan el Mundo en Nuestra Manos.

Ejemplos de tecnologías válidas simples son la bombilla LED y el destornillador. Ejemplos complicados son la nevera o el audífono.

Mucha gente de buena voluntad pasa esto por alto porque siente que no puede aportar nada de valor. No puede hacerse investigador, carece de la titulación y/o de los puntos.

Propongo que imaginemos qué nos diferencia y nos hace vivir mejor que la gente de hace un siglo, dos, diez.

Dentro del mundo estrictamente analógico que precedió al reciente digital se hicieron descubrimientos e invenciones que mejoraron la vida de casi todos, sobre todo en medicina.

Podemos utilizar los ordenadores y los avances en general para cuidar, relacionar y unir a la gente o para construir armas definitivas y lucrarnos en bolsa mediante traders digitales.

Para lo bueno y para lo malo, lo que nos separa y eleva con respecto (y respeto) a otras épocas es nuestra tecnología y nuestra solidaridad.


Si no se concediesen créditos para comprar viviendas éstas bajarían de precio y la gente encontraría maneras costeables de habitar. Eso que supuestamente se pone para ayudarnos sólo sirve para enriquecer a los bancos y quienes los controlan.

De hecho el arquitecto Christopher Alexander propone en The Grass Roots Housing Process cómo la gente podría construir en cooperativas, primero una habitación o casa mínima, en la que podría entrar a vivir en pocos meses, luego una ampliación, sin necesidad de obtener ni pagar el sobrecoste de un crédito.

O vivir en una caravana o en una casa móvil, mínima pero funcional y cómoda.

Solidaridad, complemento imprescindible de la Tecnología

El factor complementario de nuestro bienestar es la solidaridad, sentir que el otro importa tanto como nosotros mismos y actuar en consecuencia. Solidaridad con el resto de los seres vivos también.

No sólo solidaridad sino también:

Nuestro mal concepto de épocas anteriores consiste en gran medida en la negación de estas virtudes: desorden, desafuero, opacidad, intolerancia, hipocresía, prejuicios, delito, despilfarro, pesimismo, incultura, barroquismo... además de tecnología errada e insuficiente, sobre todo en medicina.


Con ello digo lo mismo que toda teoría económica razonable, que forzosamente se centrará en dos temas: