Juego, simulación y realidad

Los seres humanos jugamos. A menudo contraponemos jugar a trabajar, igual que en Roma el contraste entre otium (ocio) y su negación (nec-otium o negotium) ha derivado fácilmente en ocio y negocio del castellano, conservando el significado original.

Una actitud excesivamente lúdica ante la vida despierta sospechas, se le acusaría al sujeto de comportarse puerilmente, o como un niño. Más adelante caracterizo tales juegos inocentes o ingenuos y los contrapongo a otros que llamo juegos de adultos en los que en determinadas sociedades y épocas los ciudadanos emplean gran parte de su tiempo.

Algunos juegos infantiles son abiertos, dan pie y ocasión a la creatividad, mientras que otros son cerrados y mecánicos.

Se cuenta que Isaac Newton sentía tal curiosidad por la realidad que se metía agujas por detrás del ojo para experimentar.

Un juego, tanto juvenil como adulto, se caracteriza principalmente por abordar la realidad indirectamente. Si antes de levantar un muro, el cuál necesite, me pongo a consultar un manual de albañilería, estaré jugando. Los ingenieros son grandes juguetones, a menudo incomprendidos por el resto de la sociedad. En España tales estudios están llenos de asignaturas serias como cálculo, álgebra, física etc. En los sures llegar a construir algo se tacha de lúdico. Se trata de sociedades viejas que aún se acuerdan de oponer otium a negotium. Uno bebe en horas asignadas pero no está todo el día embriagado de realidad.

En tercer lugar hablaré de las simulaciones, una especie de juego lúdico dirigido a abordar mejor la realidad.

Juego

En un juego encontramos:

Ejemplos de juego:

Juego lúdico

Un juego lúdico es un juego sin recompensas explícitas.

Uno o varios agentes pueden participar en un juego sin recompensas, ya sea porque no las tenga o porque no se les dé importancia.

Algunos ejemplos:

Los juegos lúdicos se parecen mucho al arte no profesional, donde el objetivo no está claro.

También se asemejan mucho a las simulaciones, que trato a continuación, si bien en un juego lúdico el beneficio de participar en él es difuso y mezcla placer con utilidad. (Uno normalmente no simula un circuito electrónico por entretenerse.)

La última novela de Herman Hesse, El juego de los abalorios, describe una sociedad en la que un sector se dedica a jugar a un juego muy específico y complejo, en gran medida lúdico.

Una simulación se direferencia de un juego en que:

Ejemplos de simulaciones:

Realidad

Por último la realidad se caracteriza porque no hay reglas explícitas (puestas o descubiertas por personas) sino las que impone la realidad, ni tampoco hay recompensas explícitas, sino los beneficios y pérdidas que la realidad misma fija y determina.

En realidad casi todo es una realidad u otra. Algunos ejemplos característicos que contrastan con los juegos y las simulaciones:

Las acciones realizadas dentro de esta Realidad constituyen una economía simple, directa, concreta.

Juegos de adultos

Aunque los juegos de rol se clasifican entre los lúdicos y desenfadados, existen en paralelo juegos de rol entre adultos. A menudo éstos conllevan jerarquías o también prerrogativas y competencias exclusivas adquiridas, conservadas o perdidas en el desarrollo de la partida. Por ejemplo uno puede jugar al juego de la PAC comprando ganado que lleve asociado el derecho a cobrar un subsidio, o memorizar una serie de textos para acceder a un trabajo bien remunerado y seguro. A menudo los ciudadanos-jugadores acaban encontrándose en situaciones muy diferentes partiendo supuestamente de la misma casilla de partida (la Naturaleza Humana), y se asemejan a determinadas fotos temáticas de chimpancés.

Hay incluso grandes sectores de la economía basados en una u otra clase de juegos de adultos: el capitalismo financiero e inmobiliario, la preparación de oposiciones, incluso las autoescuelas...