Tres doctrinas económicas actuales

Desproporcionalidad del factor trabajo

Un bien no se produce mejor, en mayor cantidad ni más barato por dedicar más recursos humanos a ello.

Dentro de los recursos humanos pongo no solamente las horas de trabajo puras y duras sino la atención, la preocupación, el mimo y la iniciativa.

En efecto, observamos que tendemos a dedicar muy poco trabajo humano a la producción de los recursos más básicos, en especial y escandalosamente en agricultura.

En consecuencia más gente acaba residiendo en ciudades y, sobre todo, practicando un modo de vida urbano.

Fenómenos parecidos se observan en Salud (se forman médicos de menos) e incluso ingeniería.

Bondad del gasto y la carestía

En modelos clásicos de economía doméstica, microeconomía (empresas) y macroeconomía, cuanto menos se gaste y más barato cueste todo mejor. Actualmente, cuanto más gastamos y más nos cuesta todo más ricos somos, por truco de magia contable.

Se critica cruelmente a economías basadas en la exportación (Norte de Europa) y se ensalza el modelo de EEUU.

Si el precio de los bienes de primera necesidad, es decir de casi todo, sube, como necesitamos consumirlos irremediablemente, o comemos menos, o peor, o nos endeudamos (¡bien!) o tenemos que trabajar más (¡bien también!). Mientras tanto la Contabilidad Nacional apunta: Crecimiento, más Producto Interior Bruto, más Renta Percápita.

No estoy proponiendo el extremo contrario de que se trabaje una cantidad ridícula de horas, menos de veinte semanales, que en la práctica nos desacostumbraría a trabajar o cuando menos nos descentraría. Propongo más bien que consumamos menos y que paguemos menos por lo que consumimos.

Disyunción entre Capital, Estado y Pueblo

--El mundo está dominado por dos familias.

--¿Judías?

--Sí, por supuesto.


Existen varias versiones de esta misma historia, desde que nos controlen unos saurios infiltrados desde la galaxia de la Andrómeda (David Icke), o la masonería etc. La versión más moderada sostiene que el mundo lo manejan las grandes empresas. Una de las argumentaciones o explicaciones es que como controlan los medios de comunicación de masas además de poseer o regular nuestra riqueza (nos mantienen pobres) determinan nuestros gustos y opiniones.

Tontos nosotros por dejarnos manipular.

Este principio, resumo, sostiene que hay tres actores en una economía capitalista: el Capital, el Estado y el Pueblo (que acude al mercado de trabajo con sus capacidades físicas, mentales y espirituales, poco menos que con lo puesto).

(O más bien, pulula una izquierda y una derecha trasnochadas que cree o pretende hacernos creer que todos somos uo capitalistas o trabajadores. Si eres de izquierdas considerarás a los capitalistas parásitos, y si eres de derechas considerarás a los trabajadores holgazanes, adictos y quejicas. Y mientras tanto el Estado, ningún santo, queda fuera del punto de mira y se libra de rositas.)

Las teorías que no otorgan al Estado un peso determinante yerran porque salvo en países muy chungos el Estado posee el monopolio de la violencia. En teoría el Estado es quien manda, sólo él posee armas y accede a cuentas bancarias, pero los políticos se dejan influir por el representante trajeado con un maletín de billetes o sin él que amenaza con despedir a decenas de miles de trabajadores. Una vez más, tontos nosotros por votarles.

¿Y los funcionarios? No sólamente trabajan poco, en general, sino que obtienen préstamos en condiciones favorables, lo que hace subir el precio de productos locales y nacionales, principalmente vivienda. En los países del Segundo Mundo los funcionarios gozan de un poder apenas percibido.