Esperas y esperanzas

Tomar las riendas de nuestro destino, abrazar Ley del Karma

Mucha gente pasa casi toda su vida esperando.

Esperamos esperanzandamente que nos pregunten lo que nos hemos estudiado mejor, que fulanita o fulanito nos quiera, que nos admitan en tal carrera, que saquen oposiciones de lo nuestro, que las saquemos, disfrutar de buena salud uno y los suyos, que nos guste un libro, que a alguien le guste o le sirva el regalo que le hacemos, que cambien o no cambien tal ley, que no nos pillen, vivir muchos años bien etc.

Unos se santiguan, otros cruzan los dedos.

También esperamos o aguardamos a que llegue el autobús, a que nos llamen por teléfono, a que termine la lavadora, a que empiece la película, a que nos llegue el turno, la hora de comer o la de acostarnos, a que amanezca o anochezca, a que toque el timbre etc.

Gran parte de esas esperas se deben a nuestro mundo cada vez más digital. Esperamos a que se encienda el ordenador, a que se inicie una aplicación, a que termine una descarga o una subida, a que se cierre una aplicación que se ha colgado, a que concluya tal proceso recóndito etc.

Consideremos la acción de leer un libro. Si es físico o de papel, no esperamos nada, vamos a tiro hecho. Si utilizamos un lector, podemos contar con una cantidad fija de tiempo que esperar. Pero si lo leemos en la pantalla del ordenador, la lectura se habrá complicado. Cuando no falla una cosa falla otra. Si por algún motivo el ordenador no arranca bien, nos habremos quedado sin libro, absurdo.

En todas estas esperas y esperanzas sentimos como si no tuviéramos el control. Nos sentimos dependientes. Esta situación es lo contrario de un taller en el que uno avanza hacia una meta en proporción a su esfuerzo, entrega e inspiración, no a los caprichos del destino.