Política
El Fondo Común
Unos compañeros salen juntos a comer. Algunos preferirían quedarse en casa, comprar los ingredientes y cocinar, pero como ya han puesto dinero en un fondo común perderían lo entregado si lo hicieran. En realidad, debido al funcionamiento de la dinámica del grupo, aunque se ha acordado el procedimiento por votación, no obstante la mayoría preferiría no estar obligadas a aportar al fondo común, al menos no en esas condiciones.
De modo que entran en un restaurante siguiendo un complejo sistema de normas supuestamente pactadas. En realidad la mayorían, una vez más, se opone. Coincide que el dueño y el personal del restaurante son familiares o amigos de varios de estos comensales. También resulta que dicho restaurante practica un procedimiento de contratación un tanto peculiar que valora la experiencia sobre todo en restaurantes de la misma cadena, así como cursillos de todo tipo, muchos no relacionados con la cocina ni con la restauración. De hecho practicamente todos cuentan con que se van a emplear ingredientes de mala calidad o fuera de temporada y que se van a cocinar mal. Es tan evidente que se preguntan por qué una minoría de ellos no piensa así. Esta minoría asegura antes de la comida que va a salir bien, a pesar de las decepciones anteriores, y después de la comida manifestarán satisfacción con el resultado.
Colores y clientelas
Actualmente en España un partido político resulta de la suma de un color y una clientela.
Por color entiendo una vaga ideología, la cuál no necesariamente se corresponderá estrictamente con un programa, el cuál a su vez de declararse no necesariamente habrá de cumplirse.
Los términos derecha
e izquierda
denotan colores. (A mí personalmente me cuesta entender el significado de los compuestos ultraderecha
e ultraizquierda
.)
Normalmente cada partido se asocia a un color visual o a una combinación. Por ejemplo actualmente el verde se asocia a la ultraderecha
y el rojo la izquierda progresista
.
A su vez los términos reaccionario
y progresista
definen ante todo y sobre todo matices de color político.
La riqueza de una empresa privada radica en sus patentes, organización, cultura, capacidades, maquinaria etc. Sin embargo la riqueza de un partido político, por lo general mucho mayor que la de una gran empresa, radica en su presentación, es decir en cómo se ha pintado a sí mismo, con qué colores y con qué dibujos. Y siguiendo con la analogía, los accionistas de un partido político de masas son su clientela, la larga lista de ciudadanos que se benefician directa o indirectamente de que gobierne u obtenga escaños.
En todo este feo asunto de los colores y clientelas el telón de fondo es la hipocresía y la incoherencia. En realiadd lo único que cabe esperar de un gobierno es que favorezca a su clientela, lo cuál después resultará fácil de casar con su ideología.
De modo que de primeras nos parecerá contradictorio que en un Estado Social profundo como impera en Escandinavia los trabajadores pagan muchos impuestos. ¡Que paguen los ricos! Pero es que no se trata de eso, sino de acabar con la hipocresía y la incoherencia.