El Modelo Z: vida y economía de la ciudad

Consideremos una zona Z o C delimitada vagamente en el espacio, aunque lo suficiente como para representar un lugar de alta concentración de gente y actividad económica de una naturaleza en principio incomprensible y por tanto comprimible o incluso suprimible, en la que moran y se ajetrean cientos de miles y se realizan actividades sumamente complejas de cuantificar y contabilizar.

Analizamos este lugar o concentración estudiando sus flujos con el exterior así como los internos.

En general entra energía eléctrica, química etc. y se convierte en calor. También entran materias primas y artículos manufacturados, que en su mayoría acaban degradándose (basura, excremento, chatarra) en lugar de salir con un valor añadido mediante alguna suerte de industria.

Otro intercambio con el exterior es la información, originariamente en papel (documentos y libros principalmente, también objetos de arte, celuloide etc.) pero cada vez más en forma de señales electrónicas, cada vez más predominantemente digitales.

En esencia Z intercambia letras y bits, con los cuales adquiere artículos de consumo.

Internamente sus habitantes se dedican a desplazarse dentro de esta zona y sobre todo a entrar y salir de unos edificios característicos y a realizar una serie de acciones de consumo (viviendas, bares, centros comerciales) y productivas.

Observamos que los habitantes de Z apenas difieren en su consumo de los de poblaciones dispersas (¿rurales?) pero sí en sus actividades económicas.

(Una parte no desdeñable de Z está formada por servicios tales como turismo, enseñanza especializada, investigación y medicina especializada. Ahora bien, la proporción de trabajadores altamente especializados es baja, además de que en gran medida su actividad consiste en manipular letras y bits, lo cuál la hace terriblemente telerrealizable. La mayoría de los habitantes de Z trabajan de camareros, limpiadores, vendedores, gestores, vigilantes etc.)


En realidad ante el fenómeno Z, como ante muchos otros vitales y cruciales, se dan dos posturas diferentes:

  1. los empiristas: no buscan una explicación sino sólo una cuantificación, a partir de la cuál esperan predecir la evolución de Z en el tiempo, y
  2. los racionalistas, que buscan comprender Z y predecir su evolución mediante principios y explicaciones racionales.

Y dado que Z crece en tamaño y bienestar, los empiristas consideran justificado apostar por lo que llamaríamos el Modelo Z.