Empatía hasta la saciedad
Desarrollo un trabajo a mi modo de ver mecánico. Barro, recojo basura, desbrozo etc. Por otro lado observo que muchos vecinos de la comunidad para la que trabajo aprecian una serie de detalles: que se les salude, que uno mantenga conversaciones apropiadas con ellos, incluso que se esfuerce o sufra trabajando a la intemperie.
Mucha gente aprecia que uno se solidarice con su situación (empatía). De hecho en un mundo mecanizado la empatía amenaza con convertirse en el principal producto de la economía.
Imaginemos que una excavadora automática cava los cimientos de nuestra futura vivienda. Después viene una hormigonera, posiblemente operada por inteligencia artificia, que verterá en la fosa. Unos módulos prefábricados se irán ensamblando, etc. Al final es posible que el trabajador que haya dedicado más horas haya sido ¡el arquitecto! Ni siquiera eso, los planos los habrá discurrido, calculado y trazado un ordenador, con lo que la principal labor del arquitecto consistirá en prodigar sonrisas. Habrá sonreído más horas que la suma de todas las trabajadas por los obreros manuales. Pues a ese tipo de mundo nos encaminamos.
Al final, cuando recordemos la obra, pensaremos: ¡Qué agradable el arquitecto!
Probablemente hayamos pagado un precio alto pero simbólico, pues la mayor parte del trabajo la habrán realizado ¡máquinas!
Por ejemplo mucha gente está dispuesta a pagar más por un artículo con tal de que se lo venda un dependiente de carne y hueso y le pregunte qué tal su familia. Lo cuál es absurdo dado que si de verdad le importa qué tal está su familia no le exigiría que le comprara dicho artículo para preguntarle.