Malas hierbas

La mayoría de las veces una planta nos parece una mala hierba a causa de una actitud incorrecta nuestra ante la naturaleza. Los neorrurales las llaman plantas adventicias, que a mí siempre me ha parecido una forma de decir que son plantas que se buscan la vida. No hay malas hierbas como tales.

Digamos que nos precipitamos demasiado en lugar de mirar y apreciar. Por ejemplo mucha gente considera a las ortigas malas hierbas. O algunas crasas. O incluso arbolillos brotados de semilla. Por tanto uno debe empezar por abrirse a todas las plantas.

Muchas de estas actitudes provienen de que la mayoría de los ciudadanos obtienen sus ingresos en centros urbanos. Entonces llega el fin de semana o las vacaciones y salen al campo pero se llevan sus preferencias e interpretaciones. Piensan que una barbacoa a la sombra de un pino (debajo del cuál no crece nada) son el paraíso terrenal. Si son cazadores pagan una suscripción y se evaden en un neolítico de balas de plomo, o si no cogen el coche a disfrutar de paisajes, paran a comer en un pintoresco mesón de piedra decorado con aperos tradicionales o con cabezas de jabalí etc.

Todo teatro.

Por la televisión y demás medios nos inculcan una versión sesgada y convenida de la realidad.


En segundo lugar debemos buscarle la explicación. Las plantas feas nacen en terrenos degradados, es decir sin apenas materia orgánica y compactados (con mala estructura física).

Lo mismo ocurre con la creciente epidemia de enfermedades crónicas: podemos desbrozar con medicamentos, pero las causas pasadas y presentes son los malos hábitos. De hecho las malas hierbas en ecología se consideran plantas de primera sucesión: con el tiempo las sustituirán otras más vistosas, más vivaces y más verdes.

De modo que ante las malas hierbas caben otras actitudes, aparte de quitarlas:

Además, muchas de estas malas hierbas tienen partes leñosas (madera). Entonces podemos hacer dos cosas:

¡Pero por favor, nunca queméis los desbroces ni los tiréis a un basurero!