Literatura
¿Qué es la literatura?
La literatura es exploración del corazón humano mediante la palabra.
Un ejemplo célebre de esto es la Livia que Robert Graves describe en Yo Claudio. Las fuentes históricas apuntan a que la esposa de Augusto no era la encarnación del mal.
Por tanto mezclas o fusiones tales como la novela histórica y la ciencia ficción casi siempre decepcionan. Si es novela no es historia, y si es ciencia entonces desde luego no podrá ser ficción. Hubiese traido más cuenta leer un tratado de historia o de ciencia y la típica novela por separado.
Un ejemplo eximio de esto es Yo, Claudio, que se suele tener por una recreación histórica de los comienzos del Imperio Romano. Pero el personaje más interesante, que eclipsa al mismo Augusto, es Livia, su todopoderosa esposa, cuya personalidad no se corresponde con lo que creemos saber de la Livia histórica. Robert Graves no ha hecho sino explorar la maldad, astucia y ambición de una mujer, un tipo de mujer que supondrá frecuente en la Cuenca del Mediterráneo. Todo lo que se sale de esta exploración
Literatura en tanto que orden*
Hacerse leer
Yo creo que la cuestión fundamental de la literatura es cómo consigue un escritor que se lea su obra. Quiero decir que un escritor podría escribir algo genial, algo que agradaría y beneficiaría a muchos lectores. ¿Cómo se iban a enterar estos lectores de la existencia de esta gran obra?
Analicen ustedes mismos el problema. Alguien podría presentar su creación a certámenes, pero sabemos que los premios están concedidos de antemano. O por lo menos, salen premiadas obras mediocres, sin ideas, sin arte y sin siquiera una mínima riqueza de lenguaje. Podría entonces enviar algo a una editorial, o dárselo a leer a amigos y familiares y esperar que, si les gusta, lo difundan. Es muy posible que al final una obra genial tenga un único lector: su autor.
La historia nos ofrece múltiples ejemplos de buena literatura que ha pasado desapercibida y de literatura mediocre que ha obtenido los más altos galardones. Sobre todo en España, donde una serie de escritores nacidos al amparo de la política cultural franquista conservan un prestigio en gran medida inmerecido. Y, desde luego, en España lo que predomina y monopoliza la literatura son novelas sin el más mínimo atisbo de ideal que no sea el tosco mercantilismo de despreciar esta vida para merecer la siguiente. Dudo de que la inquisición cree gran arte, el cuál es incompatible con los prejuicios.
Luego está además el problema de que en España no lee casi nadie, con lo cuál ya me dirán ustedes qué literatura va a haber. Yo creo que la mayoría de los burgueses que conozco se ofenderían si alguien les escribiera una carta o le enviara un correo electrónico redactado. Media horita de lectura ayuda a conciliar el sueño antes de acostarse, aunque donde se ponga la televisión... El español es uno de los idiomas más hablados y menos leídos y, claro, se cae en el círculo vicioso de los tópicos.
Como el tópico de que la literatura ha de consistir en escribir cosas bonitas. O correctas sintáctica y semánticamente. Literatura no significa más que escribir en general, y viene de littera
o letra en latín. Normalmente no escribimos, sino que rellenamos esquemas en los que ya está decidido lo que hay que poner (cuestionarios, impresos, exámenes, programas políticos, listas de la compra, mensajes, cartas de presentación, currículos, manifiestos, tratados, etcétera). Estos esquemas están condicionados por un fin, no están abiertos sino que son géneros cerrados. Podrían tener un valor caligráfico, pero literario nunca. Están mediados por una intención, no expresan la libertad humana.
Siguiendo con mi definición abierta de literatura, el gran peligro para la gran masa de la humanidad es que resulta muy difícil ya transmitir nada nuevo, sobre todo con palabras. Igual con música o con imágenes se puede hacer algo. Cada vez comprendo mejor cómo podría funcionar una sociedad analfabeta y con un vocabulario básico de un par de cientos de palabras. Estamos muy cerca o, por lo menos, si cayésemos en esa abominable barbarie yo no notaría mucho la diferencia. Lo cuál es una pena porque quilo y medio de neuronas deberían dar para algo más.
Penuria literaria
Uno de los hechos ciertos más dolorosos de la literatura (y de la creación en general) es que aquello de lo que más se enorgullece un pueblo es la actividad peor pagada y peor considerada.
La mayoría de los escritores no se han ganado la vida escribiendo esos libros a los que damos un valor absoluto. Muchos son o han sido profesores de la enseñanza pública. Esto significa que han tenido que entrar en lo que se conoce por el sistema y escribir (o en general crear) a pesar de el sistema. Otros ha desempeñado profesiones antiliterarias, como el periodismo, como Carlos Diquens y Galdós, aunque tenían tanta energía que consiguieron superar estas influencias.
En general todo gran libro que nos ha llegado se ha escrito casi por milagro y por casualidad. Muy poca gente de la que tiene talento se ha puesto o ha podido ponerse a escribir un libro. Y de todas maneras dudo de que el beneficio económico de escribir ni siquiera la mejor novela de la literatura contemporánea en español sea mayor que el de sacarse unas oposiciones empollándose un temario, haciéndose baterías de pruebas tipo y siguiendo las directrices de un preparador.
La Teoría de la Teja Suelta y la Lógica de la Literatura
Existe en nuestra imaginación una teja mítica del tejado de alguno de los edificios entre los que pasamos que cualquier día se puede desprender, caernos en la cabeza y acabar con todos nuestros proyectos, propósitos, sentido y vida.
Buena parte de la literatura niega el poder absoluto al azar y se lo entrega a la virtud del individuo. Por supuesto que esta idea no se expresa explícitamente, sino que está implícito en la ambientación. El mundo, descrito de materia, se convierte en campo de batalla entre la virtud y el vicio, entre la sabiduría y el error. Detrás de todos sus entretenidos argumentos y descripciones floridas encontramos esta presuposición de que lo que importa y lo que influye no es la suerte ...
Los mejores libros que leer
Investigando en internet sobre este tema me encontré con una lista de los libros más votados por literatos ilustres. Uno a continuación se pregunta quién ha decidido que estos votantes son ilustres. No obstante creo que hay un consenso parcial sobre qué merece la pena leer, o al menos podríamos dividir. Los mejores libros y autores han sido en mi opinión:
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Beowolf
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Jane Eyre, de Charlotte Bronte, porque expone un caso de atracción entre los sexos que va más allá de lo físico y del egoismo.
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Small is Beautiful, de E. F. Schumacher
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Así habló Zaratustra, de Friedrich Wilhelm Nietzsche (1883-85)
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El castillo, de Kafka
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Baroja y Azorín
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La montaña mágica (Zauberberg), de Thomas Mann
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Siddhartha, de Hermann Hesse (1922), y El lobo estepario, entre otras...
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Una habitación con vistas (A room with a view), de Forster
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El extranjero, de Albert Camus (1942)
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Hijos y amantes y The Plumed Serpent, de D.H. Lawrence
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Ciberíada, de Stanislav Lem
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The Grapes of Wrath, John Steinbeck
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El guardían del centeno (The Catcher in the Rye), de J.D. Salinger (1951)
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Las puertas de la percepción (The Doors of Perception), de Aldous Huxley (1954)
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On The Road Jack Kerouac (1957)
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Maria Vargas Llosa
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Un día en la vida de Iván Denísovich, de Aleksandr Solzhenitsyn (1962)
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Brave New World, de Aldous Huxley
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1934, de George Orwell
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El señor de las moscas (Lord of the Flies) William Golding
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El honor perdido de Catalina Bloom, de Heinrich Böll
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Zen y el arte del mantenimiento de la motocicleta (Zen and the Art of Motorcycle Maintenance: an Inquiry into Values), de Robert M Pirsig (1974)
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Gödel, Escher, Bach: an Eternal Golden Braid, de Douglas R. Hofstadter (1979)
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La conjura de los necios (A Confederacy of Dunces), de John Kennedy Toole (1980)
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Guía del autoestopista intergaláctico, de Doublas Adams
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The Quiet American, de Graham Greene
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Si te dicen que caí, de Juan Marsé
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No Logo, de Naomi Klein (2000)
Aunque el período de 1939 a 1975 que duró el Franquismo y su censura cultural pueda parecer relativamente corto, cuando termina España amanece en una escena internacional en que habían acaecido muchas cosas que ella se había perdido. Durante esos escasos tres decenios y medio los españoles consumimos coches y electrodomésticos a la altura de nuestra civilización industrial pero escuchamos, vimos y sobre todo leimos una cultura manipulada desde arriba. Se llegaron a inventar movimientos e incluso a fingir una cierta tolerancia con la escritura disidente. Esta dictadura larga, a diferencia de la nacionalsocialista alemana, necesitaba crear una apariencia de vida cultural, y les viniero muy bien dos máquinas del lenguaje que aún continúan en sus tronos: Miguel Delibes y Camilo José Cela.
Los libros decepcionantes
Algunos libros aclamados pero que dejan vacíos:
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La rama dorada (The Golden Bow), de Frazer
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El señor de los anillos, de J. R. Tolkien
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Jorge Luis Borges
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Juan Sebastián Gaviota (Jonathan Livingston Seagull) de Richard Bach and Russell Munson (1970)
Escartín
El segundo año escogí de profesor de Literatura Española II, todo el Siglo de Oro, a un tal Escartín.
Escartín daba las clases con un tubo y gran entusiasmo. El tubo se lo subían lleno de güisqui de la cafetería en medio de la clase. Y con gran entusiasmo pronunciaba enfáticamente los versos del _Polifemo y Galatea_ de Góngora, y anteriormente los de Garcilaso de la Vega. No se privaba de aludir despectivamente a la Universidad, o a esa Facultad en concreto, con la expresión esta casa
. Por aquella época me dio por grabar este poema tan denso, erudito y perfecto con un micrófono. Una amiga de mi hermana me sorprendió y me avergoncé. A lo largo de los años he venerado ese y su otro poema largo, Soledades, y al final, con el radicalismo en que se cae en la madurez si no en la superficialidad y convención, he dado en condenar y dar por imposible toda poesía rimada, y sospecho que esos señores griegos y romanos verdaderamente llegaron a algo.
--Fíjense en este pasaje. Es una delicia.
Yo entonces pensaba que era un profesor que transmitía la sublimidad. Asistía poca gente a las clases. Como siempre, nadie se quejaba nunca. Los disconformes se cambiaban de grupo. Él mientras tanto iba tratando obras puntuales de diversos autores. Yo me fiaba y a la vez cumplía con mi plan riguroso de lecturas, todas las que nos había recomendado.
Cuando llegó el examen final preguntó un autor desconocido. Dejó pasar dos horas, en las que ninguno escribimos nada. Después nos consultó qué nota nos merecíamos. Yo, consciente de que me había esforzado, constesté que notable. Aprobé o saqué notable o sobresaliente por más que todas las pruebas de que disponía no me salvaban del suspenso.
Cenicienta Moderna
Hola. Me llamo María Luisa Rodríguez, Marisa para los amigos, alias la Cenicienta[ para mi familia]. Tengo veintisiete años ya, estoy soltera y vivo con mi tiastra, por analogía con madrastra, en una casa sin hombres en la que aguardo la llegada de un príncipe azul liberador, aunque personalmente no me importaría gran cosa que no fuera ni azul ni príncipe, con tal de que venga. Y ésta es mi historia.
Como sabrán por el cuento mi padre está muerto---mi madre murió antes al darme a luz ---y me tuve que acoger a la caridad de una tía segunda y sus tres hijas. Mi padre me quería mucho y siempre conservo en la memoria el propósito y el deber de no defraudarle. Soy hija única y me dejó en herencia cien hectáreas de tierra, que estos familiares míos administran. Espero algún día poder devolverles su amor fundando a mi vez una buena familia.
Mi tiastra es una buena persona. Estudió interna en un colegio de monjas, donde recibió una educación exquisita y esmerada pero a mi modo de ver errada. Aprendió abnegación y desprendimiento. Por el lado negativo, es una persona ida, es decir que nunca está aquí. Aunque no es creyente, precisamente por eso sospecho que está infectada desde la infancia de lo que yo llamaría criptocatolicismo, con el prefijo cripto-
dando la idea de que ella misma no es consciente de su catolicismo de fondo. Barrunto que precisamente por haber abandonado la religión determinadas actitudes y posturas degeneradas o desviadas de ésta han podido arraigar en su subconsciente en forma de hábitos de pensamiento y obra. En cambio, por paradójico que resulte, alguien que se reconozca a sí mismo cristiano probablemente mantenga un control de qué elementos se adueñan de su mente porque estará más en guardia, aunque de todo hay patologías.
Esto que digo no deja de ser una disquisición un tanto gratuita, pero también es verdad que mi tía me ha explicado que en ese colegio de monjas le enseñaron a cambiar de actividad cada hora, al toque de una campana. En consecuencia ahora es incapaz de implicarse en una labor, de apasionarse, de perderse, fundirse, diluirse en lo que está haciendo, ni tampoco comprende que lo hagan ni quieran hacerlo los demás. Mi tía no está en el mundo sino que es consciente de vivir en él temporalmente y como de paso. Va por su camino como pisando con pasitos cortos. Esto es lo que quería dar a entender cuando dije que había aprendido la virtud del desprendimiento.
Las dos primas mayores, Elena y Marta, están casadas. La tercera y más joven, Nanda, de Fernanda, no.
Los primeros meses veía en Nanda una cómplice, por su edad y por el trato íntimo que teníamos. Luego fui comprendiendo que no, que Nanda era la sombra de su madre. Nanda mostraba ser incapaz de tener una opinión propia sino que mimetizaba la de su interlocutora. Y cuando estábamos ella, la tía y yo se pasaba al bando de su madre, incluso cuando antes me había dado la razón en privado. Nanda era una joven profundamente superficial, y cuando me convencí de este hecho ya no pude tratarle más que con compasión y hastío.
Elena, la mayor de todas, tenía un hijo y una hija adolescentes. Me trataba con algo de consideración. En cambio para la segunda, Marta, yo no era más que una criada. Nos visitaba a menudo y me encasquetaba a los traviesos de sus hijos a mí. Yo por mi parte me divertía mucho siguiéndoles la corriente. A la asistenta fija o interna como se dice ahora le daba vacaciones porque en el pueblo ya me tenía a mí para lo mismo. Era jefe de negociado de la Administración Pública en la capital de la provincia, ganaba un montón de dinero y no tenía nada de clase.
Yo me malicio que esta clase de mujeres son incapaces de retener a los hombres por la sencilla razón de que en el fondo no les gustan. Los hombres por su parte son muy inseguros y no se atreven a acercarse o no se dan cuenta de que les atrae una mujer. Salvo excepciones. A mí excepcionalmente también me gustan los hombres y de vez en cuando me encariño con uno.
Este problema de la falta de interés por los hombres yo lo he bautizado complejo de Virgen María. Yo creo que los europeos del norte hicieron la Reforma protestante porque este complejo complejo no regía entre ellos y por tanto eligieron desterrar de su panteón a esta diosa mediterránea.
Por cierto, ¿han leído La Diosa Blanca, de Robert Graves? Yo lo empecé pero no me convencía nada, ya ven.
Me encanta leer. Mi pequeño secreto es que he aprendido por mi cuenta suficiente inglés para poder leer en este idioma, que tiene una literatura muy positiva y vital. Me ha gustado especialmente Jane Eire. Me identifico mucho con la protagonista. A veces pienso que yo también vivo esperando la llegada de un míster Rochester, un hombre tierno y viril con una ignominia terrible en el desván, en su caso una mujer loca. Igual es también porque me siento un poco una niñera infravalorada.
Aunque este libro en particular no les aporte nada especial, en general les animo a aprender a leer en esta riquísima lengua.
Cuando mi tía y mi prima Nanda están juntas entran en resonancia. Una habla y la otra hace de estación de repetición. La conversación se convierte en la repetición de unos esquemas mentales. A un escritor costumbrista o a un folklorista le podría resultar pintoresco, pero no a alguien que valore la dignidad humana, que busque al Hombre.
Podrían estar dormidas por lo que hace al caso. El pensamiento discurre por cauces absolutamente inamovibles e inconscientes, llenos de sobreentendidos, prejuicios y frases inconclusas. Normalmente hablan así mientras realizan alguna tarea como planchar o cocinar. Supongo que esta frivolidad viene de eso, de este hacer dos cosas a la vez. Cuando empiezan en ese plan me ponen muy nerviosa y me alejo para no oirlas. Por otro lado en esos casos no tienden a discutir, y al menos aparentemente cimentan una cierta solidaridad entre su sexo.
No nos damos cuenta pero gran parte de nuestras vidas transcurren en un estado de semiinconsciencia, es decir que nos mantenemos lo suficientemente despiertos para no estrellarnos, a la vez que estamos inconscientes.
A veces mi tía e hijas me parecen fascistas. (Nunca había pensado que fuese a emplear este término histórico en principio tan específico.)
Bueno, aunque no haya escogido el adjetivo más apropiado, mi tía es profundamente autoritaria. Y digo profundamente porque probablemente ni siquiera se dé cuenta de ello, y por tanto no cabe acusarla de maldad. Padece una especie de autismo que le hace comportarse como si los demás constituyesen una extensión de su propia persona. No le atribuyo maldad en esto. El fenómeno responde a toda una manera de entender la realidad perfectamente lógica y coherente. En su cabeza no pueden coexistir dos ideas enfrentadas, sino sólo una. Igual con el tiempo cambia de opinión y pasa a pensar de la segunda manera que antes había rechazado, pero ello no le hace rectificar y volverse más tolerante. Al contrario, censurará a la tía anterior que mantenía la primera opinión como si fuera otra persona. Tampoco aceptará nunca que las cosas se hagan más que de una manera, la suya, y pondrá mil reparos cuando alguien propone una alternativa o corrige su intención. Este despotismo lo ha podido ejercer sin oposición porque era la madre o la tía y señora de la casa. Sus hijas a su vez se han hecho sumisas con el paso de los años y a su vez se vuelven o volverán tiranas cuando asuman la dirección de una casa, que es para lo que se las ha criado.
Su concepción jerárquica se asienta en la creencia de que la sociedad está estratificada en clases sociales en razón de unos conocimientos y destrezas. Dicho de otro modo, cada uno es experto en su campo. Una señora también lo es en el suyo. Esta compartimentalización viene dada de tiempos anteriores y es en este sentido conservadora. En resumidas cuentas, que existe y debe existir una estratificación vertical en superiores y subordinados, y a la vez otra horizontal en expertos en actividades humanas determinadas, como la abogacía, la fontanería, la agricultura, la enseñanza, la milicia etc, si bien entre estos campos de especialización se dan jerarquías verticales naturales o intrínsecas, como por ejemplo entre el ingeniero y el perito, el médico y la enfermera, el oficial y el soldado etc.
---¿También entre el agricultor y el jornalero?
---También.
---¿Y si el jornalero sabe tanto como el agricultor?
---Entonces uno está por encima del otro porque posee los campos. Nada le impide al jornalero trabajar para adquirir suficiente tierra.
Precisamente tengo en mi estantería una antología de leyendas del Ciclo Artúrico. En la titulada Sir Gawain y la dueña Ragnell el Rey Arturo y el mejor de sus caballeros, salen al encuentro del caballero Sommer Grommer, que toma rehenes a los hombres o los mata y vapulea a las mujeres, señor del Castillo de Hewin, ubicado en un lugar terrible. Como todas, también esta aventura empieza en el banquete de Nochebuena en torno a la mesa redonda, cuando llega una damisela a denunciar ante los campeones los desafueros de este infernal caballero [...]
Da la casualidad de que la historia aparece en romances franceses, no de tierras celtas, lo que cabe interpretar como que se refiere a una sociedad latina como es la francesa.
A mí personalmente no me convence nada esa concepción de la señora o dueña de su casa, ni la más moderna del ama de casa.
Me encantan los niños. Me gustan tanto que no me importa que no sean míos, que los que cuido no hayan salido de mi vientre.
A la mayoría de las mujeres no les deben de gustar los niños. Antes la madre, la que los había parido, si podía se los encomendaba a una nodriza o a una niñera. Hoy en día padres y madres toleran impasibles que los secuestren y recluyan en colegios. Uno de los delitos más perseguidos, uno de los pocos delitos perseguidos, junto con el robo de coches y el fraude fiscal, es la oposición a este rapto y encarcelamiento en recintos colegiales.
¿Se imaginan lo alegre que sería la vida con todos esos niños corriendo por las calles, parques, campos y patios? Preferimos agobiar a unas pocas personas, maestros y profesores, con el cuidado de una veintena o treintena de ellos cada uno, y a la vez privar a las madres e incluso padres de su compañ~ía. Pero esto nos parece ser la única solución porque los políticos y la policía, que se pasan la pelota mutuamente, se niegan a perseguir a los que raptan y atropellan a niños. ¿Acaso no sería más bello y más justo el mundo sin secreto bancario ni coches privados?
Y además se me dan bien los niños. Creo que los comprendo bastante mejor que la mayoría. Cuando mis primastras vienen de visita me pongo a jugar con ellos. Aprecian aspectos de la realidad que a los mayores no les llama la atención. Un infante puede pasarse horas jugando con agua o con barro sin que lo comprendamos. Sencillamente se siente fascinado por los elementos de la naturaleza. Yo antes cometía el fallo de pensar que, dado que la mayoría de los adultos no se interesan por el arte ni por la ciencia, tal vez el interés estuviera vivo en la infancia y luego se fuera perdiendo, Pero no, los niños se interesan por algo más primitivo aún. Luego, cuando empiezan a apreciar el arte y la ciencia, los sienten con una pureza, candidez y fuerza que en la mayoría de los adultos se encuentra disminuído.
A un niño rara vez le interesa la corrección en la expresión, si algo está bien o mal dicho. Ni la riqueza de vocabulario y variedad de registros lingüísticos, porque para él las palabras existen para significar cosas o como mucho porque son bonitas en sí, para hacer poesía.
Me he llevado a los niños a una alberca. Si les hubiera consultado a las tías se habrían opuesto. Tampoco han hecho preguntas cuando he propuesto que salieran con los bañadores. Luego el agua estaba un poco sucia de hojas y ramas posadas, y algo fría por la sombra de los árboles. No daba la impresión aséptica de las piscinas. Les he tenido que empujar un poco para que se lanzasen. Pero una vez que empezaron ellos solos se entretenían. Tienen una gran facilidad para entretenerse.
---A ver, niñas y niños, ¿sabéis el chiste del vaso de coca-cola?
---¡Sí! ---dice algún gracioso.
---¡Nooo! ¡Que lo cuente! ¡Que lo cuente!
---Nada, pues de esto que entra uno en un bar y pide una coca cola sin azúcar, sin cafeína y sin gas. Entonces el camarero le pregunta si no le importa que no sea negra, y le sirve un vaso de agua.
---¡Ja, ja, ja! ---se ríe el gracioso sin ganas.
---Ahora cuenta uno para los pequeños.
---Bueno, vale. Pues nada, va un hijo y le dice: Papá, ¿me das cinco pesetas para ir la cine?
Entonces su padre le contesta: ¿Cuatro pesetas? ¿Para qué quieres tres pesetas si con dos te basta? Anda, toma una peseta y me devuelves lo que te sobre.
---¡Ja, ja, ja!
No todos lo han cogido, pero les gusta.
---¡Pero si con cinco pesetas no se va a ninguna parte hoy en día!
---Es que antes el dinero cundía más. Con el tiempo la peseta vale menos.
---Es lo que se llama inflación.
---Entonces, si tienes dinero en el banco, el dinero vale cada vez menos. ¿Qué haces?
---Pues sí.
---Lo tienes que invertir en algo que te dé lo que sube la vida, pero eso siempre supone un riesgo.
---O comprar una vivienda y esperar a que suba con los años.
---Tía Marisa, ¿por qué existe la inflación?
¡Desde luego los más jóvenes a veces nos ponen en un compromiso!
Tal vez les he dejado demasiado tiempo. Los más pequeños se han puesto colorados del frío. Cuando los saqué lloraban porque querían más. Al regresar ninguna madre ha hecho preguntas. Los niños estaban contentos y cansados, luego obedientes. Ya lo sabía yo.
Con esta familia adoptiva tan rara aplico una estrategia, la única que me da buenos resultados. Siempre evito chocar frontalmente, discutir, decir las cosas por obvias que me parezcan. Al principio de mudarme a esta casa lo hacía. Creía que si algo era injusto o estaba equivocado bastaría con hacérselo notar, hasta que descubrí que por la razón que fuese nunca servía de nada y mis palabras rebotaban como contra un muro. Supongo que esta experiencia también me ha enseñado a comprender mejor a los hombres. El hombre es en el fondo más justo.
En los países mediterráneos la mujer quiere mandar al hombre. Los musulmanes son conscientes de esta y otras inclinaciones de las mujeres y les ponen freno drásticamente, pero nosotros los tachamos de machistas y de esclavizadores de más de media humanidad. Cuando la mujer manda se produce el desastre. Supongo que es lo que quiere contar Lorca en La casa de Bernarda Alba, pero como la gente no lee bien no acaba de enterarse de estos complejos culturales a los que estamos sometidos.
Si no mirad a mis dos primas con hijos. Las dos separadas. Cada una por motivos diferentes, excepcionales y no generalizables, siempre la misma historia. Piensan que son independientes psicológicamente del hombre, que sólo sirve para ganar el dinero, pero la realidad es que sin él los hijos se maleducan. Lo veo en mis sobrinos. Pero como la sociedad y el Estado las protege, al menos económicamente...
Mis primas dicen que soy un poco marimacho.
Pero también hay cosas que a las mujeres se nos dan mejor que a los hombres, entre ellas cuidar y enseñar a los niños. Pero no educarlos. La Sociedad Moderna ha ido limitándonos estas parcelas, sobre todo mediante lo que yo denomino secuestro escolar.
Tampoco veo que la feminidad esté unida inextricablemente a la coquetería y al retorcimiento, que es virtud de brujas. Pienso que basta con ir un poquito aseada y ya está.
El Ayuntamiento ha organizado un baile de trajes de época para dentro de un mes. Todas las muchachas solteras están muy ilusionadas pues será una oportunidad para conocer a chicos casaderos de la zona. La mayoría pasan largas horas cortando y cosiendo. También Nanda, que se está haciendo un vestido de terciopelo y crepe recargado de cintas y puntillas que ha copiado de una revista antigua.
En el baile he conocido a Manolo, que iba disfrazado de soldado del siglo XIX. Hemos hablado y coincidido en muchas cosas. Me ha interesado, de esto que una se siente a gusto con un chico. La verdad es que ha aprovechado un poco para palparme la cintura. He pasado un poco de vergüenza, porque no la tengo precisamente de avispa, pero igual prefería una mujer fuerte para los trabajos de la vida. También las manos, que las tengo cortas, anchas y fuertes, algo impropio de una señorita a la antigua. Luego ha desaparecido para ir al servicio, la cena no debía de haberle sentado bien. Insinuó que no iba a tardar nada. Mientras tanto mi hermana y mi madre decidieron regresar a casa. No había ninguna otra persona que me pudiese llevar y habría resultado demasiado descarado insistir en quedarme para seguir más tiempo con Manolo. No obstante he estado a punto. Tal vez haya dejado escapar la oportunidad de mi vida.
A la mañana siguiente me he levantado un poco deprimida y desganada. De vuelta a la rutina. Una vida de lúgubres perspectivas.
Guardo el traje de la noche anterior en el ropero, pero faltan los guantes. Me los dejé olvidados en el respaldo de una silla. Entré con ellos puestos para ocultar mis toscas manos, pero luego me dí cuenta de que no correspondían a una campesina.
En el cuento real Cenicienta pierde un zapato con las prisas. Los froidianos opinarán que se trata de un detalle sexual dado que el pie a menudo simboliza los órganos sexuales. ¿Habría cometido la Cenicienta algún desliz? Porque lo que es yo no he cometido ninguno.
Tal vez no vuelva a ver a Manolo. o cuando lo vuelva a ver o a oír noticias de él estará casado. ¡Ojalá cumpla su sueño! Me confesó que le gustaría ser labrador, poseer su propia tierra. Hasta entonces había sido jornalero. Decía que no aspiraba a ganar más dinero ni a adquirir prestigio, sino a ser él el dueño tanto de su trabajo como del fruto que diere.
Recordando esto se me ha ocurrido una idea genial. Voy a reclamar mi herencia de manos de mis primas. A fin de cuentas las escrituras siguen estando a mi nombre. Me iré a vivir a la casa de labor y ya veré lo que hago con el arrendatario. Ellas piensan que no voy a saber dirigir la explotación de la finca, pero por lo menos me tomo un interés por los asuntos del campo y algo sé.
También he decidido, aunque a mí misma casi no me atrevo a confesármelo, hacer algunas averiguaciones sobre el paradero del Manolo ése. Sí, voy a salir a la calle y preguntar a alguna mujer discreta que conozca, alguna tendera, y cruzar los dedos para que no cunda el rumor de que me intereso activamente por un hombre, cosa que hoy por hoy sigue estando mal vista. Aunque igual está mal vista porque se entiende que la mujer tiene menos que ofrecer, a no ser que ofrezca su cuerpo. No me parece limpia esa forma de utilizar la palabra cuerpo
. De hecho voy a invertir el orden. Primero voy a buscar a Manolo y después voy a arreglar lo de mi hacienda.
A ver a ver. Pasito a pasito. Escojo un vestido sencillo, apropiado para la ocasión. Me lo pongo e intento salir de la casa sin tropezarme con nadie para no tener que darle explicaciones. Una vez en la calle echaré a andar hasta la tienda de mi amiga Eduvigis, que me da a mí que es probable que se solidarice con mi caso. Entonces le preguntaré. Entonces poco a poco iré perdiendo la vergüenza. De todas maneras es bastante probable que Eduvigis no se vaya de la lengua. Me doy ánimos. Lo importante es intentarlo. Mi acción será una pequeña ofrenda al corazón de la ternura.
Pienso, mientras me abrocho el traje y ato los zapatos, que aunque fracase voy a ir a visitar mis tierras y mudarme allí. Me propongo ser y vivir como una mujer independiente, con novio o sin novio, es decir con marido o sin marido, dado que se es novia para ser esposa, no para no serlo. Ya he terminado. Aplico la oreja a la puerta. ¿Hay moros en la costa? Oigo subir. Luego llamar a la puerta.
Abro. Es Nanda.
---Pregunta por tí un joven jornalero. Ha traído tus guantes de ayer. ---me da razón.
---¿Cómo dice que se llama? ---acierto a responder con una frialdad con que pretendo disimular el azoramiento.
---Manolo.
Guión Gore
Alberto es un niño tímido muy pegado a las faldas de su mamá, aunque a veces cuando sonríe y muestra el colmillo superior --no es que no lo tengamos el resto-- a uno le entra un escalofrío.
El marido está desayunando en un bar andaluz. Todo el mundo está tomando tostadas de aceite. Él en particular va de traje y se ve cómo le resbala el aceite por la muñeca, el antebrazo, le empapa la camisa... Habla y come a la vez con la boca abierta y se le ve masticar el pan con aceite y tomate con gran detalle. Están hablando de que su mujer se ha quedado embarazada del primer hijo. (Se puede hacer alguna alusión del tipo Mi mujer tiene una fertilidad verdaderamente animal
, recalcando lo de animal.) Al final paga con un billete, que le entrega pringado al camarero, el cual se queda sin saber qué hacer.
Cuando su madre está embarazada y llega el lechero, ella le hace pasar a la casa, que es un chalet. Deja el resto de las botellas fuera y entra. Sabe que está embarazada. Grita ¡Señora X! ¡Señora X! Pero la tal le aguarda cuchillo en mano detrás de la puerta. La angelical embarazada mira por la ventana para comprobar que nadie le ha visto entrar y se abalanza sobre él. Él la esquiva y huye por un espacio que queda libre. Acaba en la cocina y se ha quedado acorralado. Entonces agarra una silla de cocina pero no se atreve a golpearla ella amaga hacia abajo, como un experto, como el peor navajero, (recordemos que tiene naturaleza sobrehumana) y rápidamente sube el cuchillo y le corta la yugular. Se nota que ella se ha dado perfecta cuenta de la gravedad de la herida y de lo que le queda al lechero, que se queda estupefacto. En cuanto pierde fuerzas se le acerca con una palangana para aprovechar toda la sangre.
Luego lo limpia todo meticulosamente, aprovechando todos los trocitos y lamiendo lo que se pueda lamer.
Lechero desaparecido en ronda. Nadie sabe nada.
El marido y ella están almorzando juntos. Ella alega que tiene caprichos de embarazada y que por eso come carne y embutidos diferentes. Conviene que en la conversación se haga un repaso de todos los productos alimentarios extraídos del cadáver, que por supuesto están conservados en el arcón en tapergüeres negros: salchichas, morcillas (no todas las que ella hubiera deseado, porque algo de sangre se tuvo que perder; ¿Por qué haces ese comentario, querida? No le veo el sentido.
) A ella no le gusta mucho que le coja de su carne. Y a él le mosquea que coma tantos productos cárnicos, pero claro no todas las embarazadas van a tener los mismo antojos.
Nace el niño.
Los médicos que es algo prodigioso, insinuaciones subliminares e inconscientes de que tiene mucho en común con los animales de sangre fría, los felinos y los depredadores puros nocturnos.
Ella se muestra muy posesiva, le da la luz y nos ofrece una de sus sonrisas demoníacas transmundanas.
Los compañeros de barrio matan perros, los cocinan a la brasa y se los comen. Pero a él le da asco porque aspira a cosas más grandes. Sus compañeros se burlan, pero le temen.
Escena idílica porque la familia ha ido al campo a pasar el día. El niño provoca a la niñera --en realidad le toca las tetas pero la madre hace como que no se dá cuenta--, la niñera mantiene una distancia, pero lo tiene que vigilar y cuando él se escapa lo sigue. Lo sigue por campos, por vericuetos, peñas, setos etc. Está eso muy solitario. Ella se para a comprobar que va a saber regresar. En un momento dado se nota un gran silencio. Él está detrás de ella, que nunca lo llega a ver. La estrangula con una cuerda, agarrado a su chepa mientras da las últimas coces y hace los últimos aspavientos, revolcándose para quitárselo de encima. Dos desenlaces:
- la guarda en la nieve y al día siguiente viene la madre a recoger el alimento; la policía visita el lugar pero no se le ocurre que el móvil haya llevado a ocultar el cadáver ahí, salvo a un policía joven, plan género negro
- empieza a comérselo (con tenedor y cuchillo para no mancharse); luego lo buscan el padre y la madre por separado pero sólo su madre da con él y se le une al festín
El niño regresa muy asustado. Cuando le interrogan se echa a llorar, como si hubiese visto algo horrible. Declara ante la policía con toda naturalidad, realismo y por supuesto cinismo.
Es un joven un poco canijo y desmedrado, pero felino. En un momento dado ha quedado con alguien y ese alguien deduce que ha saltado por la ventana desde un segundo piso, lo cual se lo vemos hacer. Los compañeros le tienen miedo. Igual uno le provoca y él le dice que las peleas solos y en el campo, y al provocador le parece que la cosa va demasiado a vida o muerte.
También tiene una artillería verbal-conceptual sorprendente. Estudia Políticas y Sociología. Hay una lección en la que el catedrático habla de las tribus que practican el canibalismo para asimilar la fuerza vital del enemigo. Se dan detalles de las ceremonias caníbales. Él interviene con cierto entusiasmo y en pie de igualdad y con autoridad. Estoy seguro de que el individuo que ingiere a su congénere ve incrementadas sus fuerzas, elasticidad y cualidades depredadoras
. Se crea un silencio embarazoso cuando termina porque ha puesto demasiado sentimiento.
Igual algún compañero empieza a asociar con anteriores desapariciones, él se da cuenta y lo mata. Por ejemplo lo invita a una fiesta de cumpleaños de escogidos. Escogidos significa que invita a los más selectos y nadie debe enterarse. Él no se hubiera atrevido a ir a menos que tuviera la certeza de que iba a ir más gente. Cuando se acerca a la casa oye algazara de jóvenes reunidos que festejan y las sombras correspondientes que se proyectan en las cortinas. Llama, entra y en seguida se para todo. No había tal fiesta, sino la mesa sin mantel y el frutero decorativo encima, y la madre y el hijo. Intenta escapar por la puerta por donde ha entrado pero no hay manera de abrirla. Leemos el pánico de la muerte inminente y macrabra en sus facciones.
Luego el padre ve el arcón lleno y se vuelve a mosquear.
La madre está jugando con el niño. Hay momentos en los que pierde de vista unos segundos al niño. Por ejemplo se da la vuelta, pone cara de subnormal profunda con la mano abierta detrás de la oreja y espera a que el niño diga un número, cada vez más alto. Cada vez le cuesta más, pero ella espera.
Hay una enramada alta y tupida. Nuestro héroe se ha ido acercando por arriba, como un mono, y cuelga de un arnés de puenting. Ha practicado a bajar y subir rápidamente rebotando, cuando niño y madre miraban en otra dirección. Llega un número alto, el niño lo dice y él se sube. Pero en uno que se para le da tiempo a coger al niño y subir antes de que la madre se dé la vuelta.
La madre se pone histérica. Hay una zona de barbacoas públicas. Ella interroga a los domingueros, muy alarmada. Se acerca a una barbacoa en la que un joven siniestro asa algo. Ella le pregunta que qué es y el le contesta que un cochinillo. Alarido.
La policía se niega a creer que haya una asociación. Pero hay un policía, el joven de antes, que sospecha, porque se lo ha cruzado y ha reconocido algo raro en su mirada. También es el padre del bebé.
Nuestro héroe corteja a la madre mientras el marido está fuera. Ella ve la posibilidad de sustituir al hijo muerto por otro inmortal. Se opera una transformación en ella.
El marido se anda con pies de plomo y con revólver en mano. No es tonto. Un día vuelve a mitad de la jornada y los sorprende. Dispara sin piedad con un rifle submarino. Luego lo lleva a un vertedero. Pero él se recompone y se alimenta de desechos.
La madre de nuesto héroe se indigna y acusa a la policía de haberlo asesinado a sangre fría, porque andaba tras la pista. Encuentran un cadáver en el vertedero en avanzado grado de descomposición, lo que no se habían comido las ratas antes. Empiezan las sospechas de la atribulada madre, y va a casa del policía a por él. La otra madre, o mejor ex-madre, la recibe muy secamemente. Ella saca un cuchillo pero él la esquiva. Entonces él grita ¡Madre!
y ella grita ¡Hijo mío!
.
Ella se entera de todo y pone cara sudorosa de terror como si pensara: Ahora tenemos al monstruo en casa.
En la última escena el falso policía se prepara para ir al trabajo. Ella está muy servicial. Hablan de un futuro embarazo. No será porque no lo hemos intentado.
Ella se da cuenta de que quien ha entrado en ella esa noche era el progenitor apetecido. Tal vez sea el brillo de su mirada. Igual entra en el coche de policía saltando literalmente por la ventana.
Poesía
En la poesía se produce una intensificación del lenguaje. Independientemente de que poiesis significara en griego creación
-a partir de lo cual podríamos entender que la poesía es la creación por antonomasia- lo que se suele considerar poesía se caracteriza practicamente siempre por estar escrito en versos, que a su vez no son más que líneas que caben entre el margen izquierdo y el derecho, o sencillamente líneas de una longitud regulada. Tal vez esto dé la idea de que se está atesorando algo. Lenguaje atesoradoe en el que se concede gran importancia a la forma.
Vocación Poética de Ovidio
Motus eram dictis toto:que Helicone re:licto scribere tempta:bam verba soluta modis sponte sua carmen numeros veniebat ad aptos et quod tempta:bam sribere versus erat
Obediently I threw Helicon over and tried to write prose. Each time a poem would come willy-nilly in correct metre, and all my attempts at prose were verse.
Rima
La invención de la rima, el que los finales de los versos suenen igual, constituye un fenómeno histórico muy interesante. Llama la atención que en Occidente no surgiera hasta el siglo VII y que fuera desconocido en la biblia hebrea pero que gran parte del Corán rime. Estoy insinuando que la rima rima con determinada sensibilidad.
El principal dato y el fundamental de la historia de la poesía española es que salvo contadas excepciones los versificadores no han vacilado en caer en lo grotesco con tal de sacar adelante sus rimas a costa del sentido y del ritmo. No hace falta irse a las canciones romáticas de moda ni emprenderla con el Arcipreste de Hita ni el Cantar de mio Cid. Hasta un versificador incuestionado que yo de primeras admiré, Rubén Darío, defrauda y pierde todo su valor a nada que se lo analice. Por ejemplo:
La marquesa Eulalia risas y desvíos daba a un tiempo mismo para dos rivales: el vizconde rubio de los desafíos y el abate joven de los madrigales.
A nada que se medite, se ha de llegar a la conclusión de que el autor ha supeditado el significado a la rima. El vizconde es rubio
porque así conviene a la prosodia o ritmo acentual del poema, y ese cuidado por la prosodia fue lo que en un primer momento me hizo admirador suyo. De modo que el vizconde será rubio para la posteridad por motivos puramente métricos, lo cual no parece muy acertado. Ahora fijémonos en que las dos palabras finales clave de esta estrofa son rivales
y desafíos
. Eulalia tiene admiradores, cuyo valor radica en parte en que rivalicen entre sí. ¿Y qué da más lustre que un pretendiente valiente a lo romántico que se mete en desafíos? Hasta ahora la adaptación del significado a la forma y viceversa ha ido perfecta, porque no ha habido que rimar. Y tiene su aquel picante el que la corteje informalmente un abate que es joven
, aunque uno se pregunta cómo es que un joven ha llegado a abate (tal vez por promoción prosódica, o por cómo sonaba su apellido). Y ciertamente contribuye al innegable gusto clásico, selecto e italianizante del poema el que el abate componga en un género musical italiano de letras seculares. Incluso podríamos llegar a aceptar desvíos
, cuya semántica describe maravillosamente el juego de Eulalia. Pero en general se ha forzado demasiado el significado y la expresión. No decimos dar ... para
sino dar ... a
, pero entonces se habría derrumbado la prosodia. Y desde luego la idea de anteponer risas y desvíos
a su verbo, daba
, no constituye ninguna figura de dicción sino que es esclavitud de la forma. (De hecho la interpretación natural es la de que se trata de una aposición, es decir que la marquesa Eulalia es [toda ella] risas y desvíos.) Es antinatural y por tanto anticlásico.
No obstante el poema en su conjunto transmite un significado difícil de comunicar fuera de la literatura. Esto mismo ocurre con no pocas de nuestras poesías. Algunos argumentarán que no hay poesía sin forma y que la rima es parte de la forma. No estoy de acuerdo. Abundan cada vez más los poemas sin rima en nuestro idioma, pero parece más bien que la rima es producto de una sensibilidad que a fuerza de ignorar estamos acentuando.
La novela
Se busca que las historias convenzan, nos hagan creer en ellas. No sólo se inventa un argumento, una especie de esqueleto, sino que se lo rellena de todo tipo de detalles, acciones y tramas paralelas. Las novelas mismas son sistemas complejos en los que los elementos son los personajes y las acciones y las relaciones entre éstos son las reglas de un universo ficticio. Las novelas pueden ser más o menos poéticas, entretenidas, instructivas, catárticas etc. En general las novelas, como todo, se clasifican en malas y buenas. Las novelas convencen por acumulación de esos detalles. En ciencia basta con una única demostración válida, pero en una ficción la verdad se demuestra por acumulación de indicios.
Narrador infantil
Algunos libros adoptan el punto de vista de un niño. Se escribe en primera persona y este narrador o expositor es un niño. Tal vez el caso más conocido y logrado es el de El principito, de Saint-Exupery, pero están además Alicia en el País de las Maravillas, El niño del pijama de rayas, o El curioso incidente del perro en la noche, en el que, igual que en El ruido y la furia de Faulkner, el narrador es un discapacitado mental.
La televisión
Television - Roald Dahl The most important thing we've learned, So far as children are concerned, Is never, NEVER, NEVER let Them near your television set -- Or better still, just don't install The idiotic thing at all. In almost every house we've been, We've watched them gaping at the screen. They loll and slop and lounge about, And stare until their eyes pop out. (Last week in someone's place we saw A dozen eyeballs on the floor.) They sit and stare and stare and sit Until they're hypnotised by it, Until they're absolutely drunk With all that shocking ghastly junk. Oh yes, we know it keeps them still, They don't climb out the window sill, They never fight or kick or punch, They leave you free to cook the lunch And wash the dishes in the sink -- But did you ever stop to think, To wonder just exactly what This does to your beloved tot? IT ROTS THE SENSE IN THE HEAD! IT KILLS IMAGINATION DEAD! IT CLOGS AND CLUTTERS UP THE MIND! IT MAKES A CHILD SO DULL AND BLIND HE CAN NO LONGER UNDERSTAND A FANTASY, A FAIRYLAND! HIS BRAIN BECOMES AS SOFT AS CHEESE! HIS POWERS OF THINKING RUST AND FREEZE! HE CANNOT THINK -- HE ONLY SEES! 'All right!' you'll cry. 'All right!' you'll say, 'But if we take the set away, What shall we do to entertain Our darling children? Please explain!' We'll answer this by asking you, 'What used the darling ones to do? 'How used they keep themselves contented Before this monster was invented?' Have you forgotten? Don't you know? We'll say it very loud and slow: THEY ... USED ... TO ... READ! They'd READ and READ, AND READ and READ, and then proceed To READ some more. Great Scott! Gadzooks! One half their lives was reading books! The nursery shelves held books galore! Books cluttered up the nursery floor! And in the bedroom, by the bed, More books were waiting to be read! Such wondrous, fine, fantastic tales Of dragons, gypsies, queens, and whales And treasure isles, and distant shores Where smugglers rowed with muffled oars, And pirates wearing purple pants, And sailing ships and elephants, And cannibals crouching 'round the pot, Stirring away at something hot. (It smells so good, what can it be? Good gracious, it's Penelope.) The younger ones had Beatrix Potter With Mr. Tod, the dirty rotter, And Squirrel Nutkin, Pigling Bland, And Mrs. Tiggy-Winkle and- Just How The Camel Got His Hump, And How the Monkey Lost His Rump, And Mr. Toad, and bless my soul, There's Mr. Rat and Mr. Mole- Oh, books, what books they used to know, Those children living long ago! So please, oh please, we beg, we pray, Go throw your TV set away, And in its place you can install A lovely bookshelf on the wall. Then fill the shelves with lots of books, Ignoring all the dirty looks, The screams and yells, the bites and kicks, And children hitting you with sticks- Fear not, because we promise you That, in about a week or two Of having nothing else to do, They'll now begin to feel the need Of having something to read. And once they start -- oh boy, oh boy! You watch the slowly growing joy That fills their hearts. They'll grow so keen They'll wonder what they'd ever seen In that ridiculous machine, That nauseating, foul, unclean, Repulsive television screen! And later, each and every kid Will love you more for what you did.
En medio de una crisis económica brutal veo junto a los contenedores de papel porque no caben enormes cajas de cartón de televisores de pantallas hiperanchas, prueba inequívoca de que la gente está dispuesta a gastar en ellos el dinero que escasea. Hoy en día no se alquila una vivienda ni se amuebla un salón sin el televisor. Mucha gente lo enciende en cuanto se levanta, si es que lo apaga cuando se acuesta. Con él de fondo recibe a las visitas, y presidirá comidas y sucesos hogareños, como un familiar privilegiado que ocupa el centro de atención. La televisión descansa la vista porque se ve a distancia y porque nos permite despistarnos, marca nuestras pausas y llena nuestro ocio.
¿Es mala o es buena la televisión? Aunque se emiten programas y películas buenos, el exceso de demanda obliga a la producción en masa de material televisivo. Surge la industria del entretenimiento. No basta con las películas, hay que rodar series de decenas o incluso centenas de episodios. Y programas de variedades, concursos, debates, entrevistas. A continuación se da un salto cualitativo con los programas realistas en los que muestras cosas de la vida real: familiares que se reencuentran, parejas que se reconcilian, peleas, discusiones, insultos, peleas, tragedias, giros de fortuna...