El preso afortunado
Imaginamos un habitante de una ciudad amurallada al que han acusado falsamente y encierran en una mazmorra oscura. No guarda rencor a sus enemigos. Cuando le han encarcelado de primeras se ha deprimido. Le dan de comer pan negro, lo que le alimenta mejor que el blanco. Por la noche escucha los ratones corretear. Mientras tanto han puesto cerco a la ciudad. Pasadas unas semanas sus conciudadanos empiezan a morirse de hambre, pero el férreo régimen militar les prohibe rendirse. La poca comida disponible se reserva para los soldados, pero a él sigue llegándole la misma cantidad porque no han cambiado las normas concernientes a los presos.
Pasan más semanas y entonces el sol sube más y entra varias horas al día por un ventanuco enrejado.
Una noche ha visto salir un ratoncito de debajo de una losa. Se acerca y descubre que se mueve. La consigue levantar. Debajo hay una galería. Sin duda sus guardianes desconocen esta salida. La galería no está completamente a oscuras gracias a una ventana, la cuál queda justo en frente de una antorcha. Recorre un trecho y descubre conservas en estantes: escabeches, salazones, cecina, queso curado etc. Más adelante una puerta da paso a... un jardín iluminado por la luna. Camina entre los arrayanes y siente una paz mayor que cuando era libre. Al poco tiempo regresa para dormir y para que no le echen en falta en la celda. Sueña con ese jardín y con los sabores de las conservas. Los siguentes días sale de noche, va primero al jardín a alimentar su espíritu, y luego toma alguna conserva. Sin duda tanto la comida almacenada como el jardín pertenecen al Palacio.
Sus guardianes le notan más sediento. Intenta disimular ante ellos su felicidad.
Una mañana en que se han ausentado para celebrar una ceremonia militar decide visitar el jardín de día. En realiadad se trata de un inmenso huerto con unas pocas plantas decorativas. Su vista le llena de gozo. Toma fruta de los árboles, parte la guarda para después.
De día no puede salir por el pasadizo. Pasado un tiempo empieza a haber menos guardas. El Señor ha decidido hacer una salida e intentar derrotar al ejército asediante en campo abierto. Se la juega y pierde: los masacran. Entonces la ciudad abre sus puertas. En lugar de pasar a todos por cuchillo los liberan del señor, que o ha huído o ha perecido, y ponen a los de su bando en el poder.