Parada supletoria

Hoy toca hacer hormigón.

Primero vamos Rumen y yo a un aparcamiento de máquinas donde hay sacas, unas con arena y otras con grava, y sacos de cemento. Se monta en una retroexcavadora Mustang con la que está poco familiarizado y la acerca. Cada uno con una pala vamos cargando grava y arena en la gigantesca pala. Me duelen los ligamentos del hombro derecho, lo cuál soluciono poniendo la mano derecha por delante y la izquierda agarrando el mango y empujando.

Después conduce la excavadora a otra punta de Cabanillas de la Sierra, curiosamente frente al cementerio.

Frente al cementerio sacamos una hormigonera y la enchufamos. El tambor empieza a girar. Se echa agua, arena, grava y cemento en la secuencia y proporciones apropiados. Con mucho cuidado y ejerciendo mucha fuerza volcamos el hormigón fresco dentro de la pala, y Rumen conduce la máquina a un hoyo que se ha hecho en una circunvalación.

Con palas una vez más echamos el hormigón fresco en el hoyo. Por lo visto se va a poner una farola. Todavía hacemos otro viaje, pero no el último.

Queda como un diez por ciento por rellenar, y Raúl se encarga de hacer el hormigón, sin nuestra ayuda.

Al día siguiente veo juntas farola, parada y además una papelera. A esta parada se llega desde el pueblo cruzando la circunvalación, con límite de velocidad de ciencuenta, por un paso de cebra. Genial.

Y establezco relaciones. Ahora comprendo. Esa parada supletoria se pone porque el sábado por la mañana y durante todo el fin de semana se corta el tráfico de automóviles en la calle principal. Tampoco entran los autobuses de línea, que para seguir prestando el servicio han de rodear el pueblo y recoger y dejar en esa parada supletoria y la otra del sentido contrario.

Y yo digo, es que vivimos en la era del hormigón.