Nuestro segundo perro, Suno

Suno a mi cargo

Entramos mi hermana, su hijo Arturo y yo en la clínica veterinaria. Habíamos decidio aplicarle la eutanasia porque un veterinario experto, el que le había operado, habló con la clínica y nos dijo que casi seguro no se recuperaría de la intervención, no se le cerrarían las heridas y lo más recomendable era no prolongar la situación.

En la sala de espera conversamos los tres sobre Suno y otros temas. En un silencio saqué mi lector, decidido a leer un libro religioso, escogí uno sobre la Tierra Pura, una escuela que cree que muchas veces no podemos practicar con eficacia el budismo y por tanto reza a Amitaba para que renazcan en situaciones propicias para alcanzar el despertar. En particular abrí una sección sobre auto-poder y otro poder. Autopoder significa avanzar por el propio esfuerzo, y otro poder o hetero-poder significa pedir a otro que nos ayude, supongo que rezar. De modo que acabé aprendiendo detalles de una doctrina o teoría tal vez falsa, aunque con corazón.

Todo esto llevaba tiempo gestándose, por lo menos desde la operación un par de días antes. El fuerte contraste entre vivir con frivolidad y vivir con... ¿corazón? En realidad desde mucho antes. No se si decepciono o sobresalgo por no abrazar la ortodoxia budista, es decir que me consta que hago mi propia interpretación. Meses antes Suno se había puesto muy enfermo, con diarrea como esta vez, su última vez, después de una estancia prolongada en un hotel de perros. Por supuesto que de telón de fondo el sentimiento de que las personas deberían importarnos más, o por lo menos que no nos puede importar sólo o sobre todo un perro, y que pasemos por alto todo el dolor del mundo.

¿Qué ha ocurrido?

Se trata de dos cosas diferentes. Por una parte, que ha muerto un ser, por otra que podemos mejorar el mundo o situación en que viven los seres.